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Recuperación de rodillas. Mi camino.


Por primera vez en mi vida, pasó. Me encanta esquiar. He esquiado desde que aprendí a caminar. Y tuve la suerte de nunca romperme nada. Ni esquiando, ni haciendo otra cosa.


Pero pasó. En Abril de 2019, en los Alpes, bajando de un remonte, algún despistado me dio por detrás y caí al suelo. Lo que en este momento no sabía, era que no conseguiría levantarme.


Te paso los detalles de cómo me tuvieron que bajar de la montaña, la larga espera en urgencias y el regreso a España.


Lo que sí te quiero contar es el camino de la recuperación, desde la silla de ruedas hasta caminar de nuevo, y sobre todo, poder practicar yoga en la esterilla cada día como antes.


Lo primero es la parte mental. De repente ya no te mueves como antes y además te vuelves dependiente de todo y de todos. Y esto es muy duro. Pero en todo momento sabía que no me dejaría llevar, sabía que tanta práctica de asanas a lo largo de estos años me podía ayudar y sobre todo que tenía que conectar, más que nunca, mi mente con mi cuerpo.


Mi primera lucha fue buscar un traumatólogo que me escuchase. No fue tarea fácil pero lo encontré. Lo que tenía en las rodillas eran fisuras en la meseta tibial. Básicamente tenía prohibido apoyar los pies en el suelo porque se me podía hundir la tibia. Y por eso querían enyesar mis piernas para bloquear los instintos. Pero yo sabía que no apoyaría, sabía también que con un yeso durante varios meses iba a perder la musculatura, la flexibilidad y sobre todo la movilidad.

Y este traumatólogo me escuchó, me hizo prometer y me dio su voto de confianza.


Ya, pues, podía empezar el camino de la recuperación. Sin apoyar los pies en el suelo, cada día hacía mini movimientos para evitar la "cristalización", enfocándome en movilizar la zona, en doblar y estirar con movimientos milimétricos.... al principio. Con el tiempo (semanas) fueron movimientos más grandes. A los 4 meses ya podía caminar, primero con muletas, después con una y después ya sin.


Viví de muy cerca y con paciencia y amor el volver a aprender, escuchar, y sobre todo aceptar.


Todo esto lo llevé a la práctica de yoga encima de la esterilla. Tuve que dejar el ego fuera e hice la paz con mi cuerpo, ahora cambiado para siempre, pero fuerte y flexible como nunca.


El camino de la recuperación y el camino del yoga se unen. Son un camino, son lo que son, y son únicos a cada uno de nosotros. Nos hacen mejores, más fuertes y más conectados.

Nos enseñan, nos desarrollan y nos invitan a abrazar valores de humildad, empatía y aceptación.


También comprendes que la práctica del yoga no sólo es encima de la esterilla. Que la esterilla sólo abraza la parte física y del movimiento (asanas) y que hay mucho más que explorar. Y en estos momentos, en los que no se puede practicar físicamente, empiezas a practicar de verdad.



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